Corvo chileno “comando” de gala. Historia y desarrollo del corvo chileno y sus variantes: comando y atacameño. Veteranas y guerreras.
Hace años, cuando me encontraba realizando el Curso para el Mando de Tropas de Montaña (actual Curso Superior de Montaña) en la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales, situada en Jaca, Huesca, entable amistad con dos capitanes del ejército de Chile que se encontraban realizando los cursos de Montaña, uno y Operaciones Especiales, el otro. Esa amistad nos llevó al capitán “comando” y a mí, a intercambiar para Reyes unos regalos y, para sorpresa de ambos, aunque no tanta después de lo que habíamos hablado, nuestros regalos tuvieron que ver con filos, con armas blancas. A él le entregué una Aitor “commando” 389 con sierra, grabada con la inicial de su nombre y su apellido y una camiseta con el emblema de La Legión, unidad en la que me encontraba destinado y por la que el chileno sentía admiración. De su parte yo recibí el arma blanca símbolo de su Ejército y más aún de su especialidad, un corvo chileno “comando” de gala que se había traído de Chile. Ese cuchillo, regalo y recuerdo de un amigo y compañero de armas es el que, pasados cuarenta años, quisiera presentaros.
Aunque, antes vamos a tratar de informarnos un poco sobre su historia.
La historia y desarrollo del corvo chileno
El origen del Corvo Chileno:
La aparición del Corvo Chileno se remonta a la época en la que el territorio del Chile actual pertenecía a la Corona Hispánica, o lo que es lo mismo era parte de España. Aunque no está del todo comprobado, lo más probable es que este tipo de cuchillo curvado fuera introducido por los españoles, en versiones que pueden ser tomadas como precursoras del Corvo Chileno.
En otras partes del mundo también existen cuchillos con hoja curva, aunque con variaciones donde lleva el filo, tamaños y disposición de la hoja.
En la siguiente foto vemos distintos ejemplos.
De arriba a abajo: El Alfanje ibérico-morisco, la Falcata ibérica, el Kukri nepalés y el Karambit indonesio.
Si nos guiamos por la lógica, lo más probable es que la influencia española en este territorio haya dado origen al Corvo Chileno.
Tal como heredaron nuestro idioma castellano, podemos asumir que lo mismo pasó con el Corvo Chileno respecto a sus posibles antecesores, puñales diseñados con la misma curvatura de un alfanje que llegaron con la aparición de los primeros españoles. No podemos olvidar que la península ibérica había sido conquistada por los árabes y que en ella permanecieron desde el 711 hasta el 1492, por lo que se recibieron durante siglos armas e influencia del medio oriente y norte de África en ella.
Aquí podemos ver cuchillos curvados antecesores del Alfanje, como por ejemplo la Jambiya persa y la Gumia árabe y del norte de África:
Tal y como hemos escrito, las primeras referencias al cuchillo corvo en Chile las podemos encontrar en la época de su pertenencia a España.
Los primeros registros históricos de su uso fueron escritos por Alonso de Ercilla en su poema
“La Araucana”, en el cual relata su utilización como herramienta de trabajo y arma asociada al alfanje. En el año 1569 encontramos los siguientes textos:
Las robustas personas adornadas
De fuertes petos dobles relevados,
Escarcelas, brazales y celadas,
Hasta al empeine de los pies armados:
Mazas cortas de acero barreadas,
Gruesos escudos de metal herrados,
Y al lado izquierdo cada cual ceñido
Un corvo y ancho alfanje guarnecido.
La Araucana, Canto XXIX. Alonso de Ercilla – 1569
Existen muchas referencias de su utilización durante la época española en “duelos y grescas”, motivo por el cual durante el gobierno de Jauregui (1634) se prohibió el porte de armas blancas.
Así es como podemos establecer un árbol genealógico que nos permite rastrear los orígenes del Corvo Chileno desde la época española y más atrás aún, a sus antepasados peninsulares hispanos y árabes.
Creo que a estas alturas nadie duda de que la primera “globalización” fue española, aunque antes y desde siempre, se hayan producido intercambios de todo tipo, armamento incluido, entre pueblos, culturas y civilizaciones a lo largo de todo el mundo.
El Corvo Chileno como herramienta y arma:
El Corvo Chileno no siempre fue de uso militar, si no que llegó ahí por su relación con el trabajador y la gente de pueblo. A lo largo de la historia se nos presenta como una herramienta utilizada en el norte del país, principalmente en faenas mineras, pero también a lo largo del centro y sur de Chile con diversa utilidad.
Carlos López en su libro lo define así:
«El famoso corvo chileno no era un arma militar sino que la empleaban usualmente los trabajadores agrícolas y los mineros, por ser una herramienta muy útil para el desempeño de su trabajo».
La Guerra del Pacífico. 1879-1884. Carlos López Urrutia – 2003.
También encontramos más citaciones al corvo y su uso como por ejemplo:
«El roto maneja el cuchillo con destreza, y siente predilección por laborar con él. Maravillas hace con él cortando tientos para los frenos, lazos. Hermosas son las monturas chilenas hechas a cuchillo».
Grafismo animalista en el hablar del pueblo chileno; Heroísmos y alegrías arrancados del Folklore; El corvo. Oreste Plath – 1941.
En el norte de Chile el corvo era utilizado por los mineros, tal como lo señala Criss Salazar en su investigación.
«Tradicionalmente, el corvo ha estado asociado a la actividad de la minería antigua del Norte de Chile. Más específicamente, el folklore oral relaciona al corvo con los mineros y barreteros, que lo usaban para cortar la mecha y hacer la perforación inicial para los tiros explosivos de la pampa nortina, entre otras utilidades»
El Corvo Chileno: Herramienta, arma y símbolo histórico. Criss Salazar – 2007.
Era una herramienta versátil usada por campesinos e inclusos pescadores, para cortar cuero, redes, fabricación de monturas, fardos, etc. Seguramente su practicidad y su ambivalencia también como arma de defensa lo hicieron algo común entre el pueblo chileno. Muchos trabajadores del norte en la época de la fiebre del salitre venían desde la zona centro y sur, por lo que podemos asumir que ya traían su propio corvo (o lo adquirieron en el norte). Sumando esto último a los antecedentes de usos antes mencionados, podemos plantear la hipótesis de que este cuchillo se usaba a lo largo del país y no era exclusivo de la zona minera norte.
Existen registros de diversos tipos de corvos. El más conocido quizás es el corvo
«Atacameño», que es el que llevaron a la Guerra del Pacífico. Luego hay otros modelos que varían según su uso y origen. Los hay para trabajos de talabartería,
retráctiles (así los llaman en Chile, nosotros hablaríamos de navajas tipo “tranchete”), artesanales, etc.
En la siguiente foto encontramos de izquierda a derecha: Corvo
«Parralino» retráctil, corvo
«Pezuña de Diablo» y un
«Corvo Suave».
La transición de herramienta a arma, se produce a través del reclutamiento para las guerras del siglo XIX. A través de ese reclutamiento el
«roto chileno», que es la gente de pueblo, campesinos y mineros, conformaron el grueso del ejército chileno, tanto para la guerra contra la confederación Perú-Boliviana, como para la Guerra del Pacífico, y llevándolo consigo forjaron la leyenda del Corvo Chileno.
El primer uso militar masivo, ocurrió durante la citada Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), donde “el roto chileno”, lo llevó entre la faja y el cuerpo como un cuchillo utilitario (de utilidad) y autodefensa, no siendo parte de la indumentaria oficial del Ejército, bajo este mismo contexto fue utilizado durante las campañas terrestres de la Guerra del Pacífico, conflicto armado en el cual su uso como arma militar quedó firmemente consolidado en gloriosas gestas heroicas como Pisagua, Asalto y Toma del Morro de Arica, Chorrillos y Miraflores, convirtiéndose en una leyenda, causando un verdadero estrago y pavor en las tropas adversarias.
El corvo era llevado por sus usuarios en la cintura, al costado izquierdo y con el filo hacia abajo, algunas personas lo utilizaban con funda y otras no.
Su fabricación era un proceso totalmente artesanal, siendo su forjado hecho por un maestro herrador o por su propio usuario.
La hoja era “introrsa” (término que describe una orientación hacia el interior) y de no más de 5 mm de espesor (el filo principal es el interno), la cual posee una curvatura terminando en punta, la continuación de esta hoja es una espiga, la cual finalmente conforma el mango.
El acabado final de su empuñadura puede ser de contornos poligonales, constituida por varios anillos colocados sucesivamente con materiales que dependían del poder adquisitivo de cada persona. Es por esto que existen variados diseños y formas de estos cuchillos, no existiendo un diseño uniforme, como si hubiese sido un arma producida en serie.
Colección de Marcelo Villalba Solanas)
En la cultura popular encontramos incluso
“cuecas” (baile popular chileno) como «El Pacífico y la Pampa» que hablan del campesino que parte a la guerra con su corvo y sus hazañas:
Con la chupilca ‘el diablo
caramba, era un demonio
abriéndose camino
caramba, y a puro corvo
con la chupilca ‘el diablo
caramba, era un demonio.
A puro corvo, sí
caramba, raza altanera
derrochando coraje
caramba, se fue a la guerra.
El Pacífico y la Pampa
El corvo era un arma útil para enganchar las armas enemigas, para hacer perforaciones, desarmar parapetos y remover tierra. Esto sumado a sus capacidades en la lucha cuerpo a cuerpo, lo hicieron un elemento táctico de mucha aceptación y fue asimilado en todo el ejército, más allá de las clases sociales.
En la foto vemos al Subteniente José L. Herrera Gandarillas usando un corvo tal cual el soldado del regimiento 4° de línea que está al lado.
El corvo chileno se consolida como arma militar en la Guerra del Pacífico (1879-1884). Existen muchos relatos que hacen mención a las hazañas de los soldados chilenos, como por ejemplo la toma del morro de Arica, el 7 de junio de 1880. Esta acción fue llevada literalmente cuesta arriba, luchando cuerpo a cuerpo con la ayuda de la
«chupilca del diablo» y sus corvos. Francisco Antonio Machuca y Marín, en su obra “Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico”, relata la relación con el corvo así:
“Las tropas montadas labran con él estacas para atar el ganado. Los infantes cortan fajina para sus chozas y leña para el rancho; con él se abren las latas de conserva, se desuella un cordero, y en los entreveros, presta inapreciables servicios como arma corta y silenciosa. Nuestro soldado no va con equipo completo si carece de él. Su uso —sugería— debiera ser reglamentario y obligatorio”.
Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico. Francisco Antonio Machuca y Marín – 1928.
El corvo hasta nuestros días
Luego de siglos de uso y su rol tanto como herramienta y arma en la historia de Chile, comienza su desuso. La urbanización que llega con la modernidad provoca una migración hacia las ciudades y por ende, el uso de una herramienta como el cuchillo se hace menos habitual. Luego un largo período de ausencia de guerra también hace que su uso como arma vaya quedando de lado.
Aun así, en el año 1963, el Corvo Chileno fue “oficializado” como arma oficial del ejército. Así lo declara el entonces Capitán José A. Quinteros Masdeu, en sus memorias:
«Mientras se buscaba un arma blanca, característica, que pudiese ser llevaba al combate como complemento del armamento individual, de entre las sombras de la historia y su espontáneo y victorioso uso durante la Guerra del Pacífico, surgió y renació el terrible corvo, el que fue unánime y entusiastamente aprobado por todos. Sin embargo, la tarea no fue fácil porque en los museos habían diversos tipos de corvo que usó el roto chileno (hecho y fraguado por él mismo)…»
Génesis de los Comandos del Ejército de Chile y su trascendencia institucional. José A. Quinteros Masdeu – 1999.
En el año 1963 fue instaurado como el cuchillo oficial para la infantería del ejército de Chile y en 1974 se redacta “La esgrima del Corvo”.
Se fabricaron con distintos tipos de ángulos en la hoja hasta dar con el correcto y adaptarlo al combate, sus empuñaduras se fueron variando y modernizando.
Así fue como
se llegó a dos variedades utilizadas por el ejército y que fueron fabricados a partir del año 1970 y hasta el año 2.000 por FAMAE (Fábrica de Maestranzas del Ejército de Chile, su emblema es la Torre Acuñada en el recazo del cuchillo).
El “Corvo tipo Comando”: Hoja con curvatura en 90°, con filo en ambos lados, el cual representaba a la especialidad “Comando” ya mencionada.
El “Corvo Atacameño”. Hoja con curvatura de 45° y filo sólo en la parte interior de la curvatura que fue adoptado por la totalidad del Ejército de Chile.
Comparativa corvos comandos y atacameños en diferentes terminaciones
Comparativa corvo comando y atacameño en terminación militar parkerizada negra.
En el año 1978 el ejército chileno lleva en forma oficial su cuchillo Corvo en la frontera con argentina por el conflicto del canal de Beagle.
Obsérvese que el soldado de la izquierda además del corvo comando lleva una daga, también tipo “comando” sujeta a su muslo derecho.
De esta manera se fue fraguando la historia de este cuchillo, que terminó siendo el arma más representativa del Ejército de Chile, simbolizando además al pueblo chileno y su figura del “roto” a lo largo de la historia, desde los tiempos de la conquista española hasta la época actual.
El cierre de la filial Andes SAM en el año 2000, que era la encargada de producir los corvos para FAMAE, puso en jaque la producción de este cuchillo. Algunas empresas españolas lo fabricaron por un tiempo, pero no había una producción establecida, hasta que hace poco y tras una larga pausa, FAMAE ha retomado la fabricación combinando maquinaria recuperada de hace 50 años y la experiencia de artesanos que trabajaron en esa época.
Este hito marca el regreso de una tradición artesanal, que ya está a la venta en sus modelos Comando y Atacameño.
En esta nueva producción, los corvos FAMAE están disponibles en una amplia gama de diseños, adaptándose a diferentes estilos y necesidades, desde piezas más funcionales hasta modelos de colección que buscan atraer tanto a clientes tradicionales como a aquellos que requieren productos únicos y con historia.
Su hoja fabricada en acero al carbono, posee un tratamiento térmico que lo transforma en un producto de mayor resistencia.
Su empuñadura está disponible en polímero o madera nativa nacional y sus terminaciones podrán ser de acabado cromado o pintura de alta resistencia, de color negro u ocre.
Y, algo muy importante para los coleccionistas, los nuevos corvos a la venta, directamente desde la FAMAE, Incluyen un certificado de autenticidad, que les asegura que adquieren un producto 100% genuino FAMAE.
Después de esta introducción a la historia y desarrollo del corvo chileno y sus variantes, vamos a ver el mío, un…
Corvo chileno “comando” de gala.
Continuará...
Félix García Cortijo